Miguel y la mujer de la vida

Apasionados los cuerpos,
empañan vidrios del coche,
en la acalorada noche,
mientras se consume el tiempo.

Desenfrenado derroche,
de lujuria desmedida,
por la tarea cumplida,
de una mujer de la vida.

Él se despide con besos,
Ella se rehúsa a aceptarlos,
prefiere rápido despacharlo,
y cobrar su tarifa en euros.

Miguel la espera ansioso,
en la parada de siempre,
Iris no llega al encuentro,
la asesinó un delincuente.

¡Él, será mejor!

Crece la ola de asesinatos de mujeres y niñas en el país…” – Escucho al periodista, y pienso en la inseguridad, en cómo nos hemos acostumbrado a este tipo de acontecimientos que no son para nada normales.

Corro al cuarto, y abrazo a mi esposa, al verme llorando pregunta qué me pasa. Le pido que apenas se aferre a mí.

– Te prometo que Mateo va a ser otro tipo de hombre cuando sea adulto. Lo vamos a educar con valores, aprenderá a respetar a las mujeres. Le enseñaremos que no se levanta la mano para herir, que se usa para acariciar, para mimar, para demostrar cariño.

Mi señora me mira, y una tormenta desciende sobre sus mejillas.

– Nuestro pequeño será un caballero, y nosotros, lo ayudaremos a ser bueno con todos. – Me tranquiliza.

– ¡Gracias amor, porque sin ti no sé si podría!

– Claro que sí. No me queda ningún tipo de duda. – Me besa en la frente y se va.

Me despierto, y no consigo parar de temblar.

Me toca criar solo a mi hijo, a mi esposa la violaron y la mataron, hoy volví a soñar con ella, y no será fácil pero sé que nunca dejaré que mi niño se transforme en un monstruo, se lo debo a él, a mi mujer y a todas las que como ella hoy no pueden criar a sus hijos por un ser despiadado que les quitó la vida.

¡Por favor, no lo beses!

-¡Por favor, no lo beses! – Escuché a mi compañera de trabajo murmurar por lo bajo.
No le hice caso. Estaba a escasos centímetros de su boca. Lo besé, mordí su labio inferior, y me dejé llevar.

No siempre tienes que ser serio, mucho menos tener la cabeza tan bien puesta.
La gente feliz es la que se atreve a vivir, a robar besos, como en mi caso.
Él, respondió a mi beso, lo abracé, le abrí la puerta y nos fuimos, a vivir una historia que tendrá un final feliz.